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¿PUEDE UNA MALA PERSONA SER UN BUEN PROFESIONAL?

 

Por Joaquim Massanella

Howard Gardner, el psicólogo norteamericano que defiende la teoría de las «inteligencias múltiples» (según la cual la inteligencia es, en realidad, un conjunto de capacidades que tenemos los humanos en distinta medida), en una entrevista del año 2006, cuando se le preguntó si puede existir un excelente profesional que sea mala persona, dijo lo siguiente: «No, porque no alcanzas la excelencia si no vas más allá de satisfacer tu ego, tu ambición o tu avaricia. Si no te comprometes, por tanto, con objetivos que van más allá de tus necesidades para servir las de todos. Y eso exige ética«.

En otras palabras, la ética profesional, aunque pueda parecer o considerarse una cuestión íntima o individual, en realidad es una cuestión colectiva. Supone un «ir más allá de uno mismo», un conjunto de reglas o pautas que suponen ir más allá de la técnica o habilidad. Supone el uso de esa técnica para conseguir fines colectivos que se consideran más importantes.

En el caso de la Abogacía, esta profesión puede entenderse de 3 maneras (todas igualmente lícitas y comprensibles): como un simple modo de ganarse la vida, como una profesión para ayudar a quien solicita nuestros servicios, o como una manera de luchar por la consecución de fines colectivos (la justicia, la igualdad, la dignidad) a través de la defensa de un caso concreto.

Los límites los pone cada uno.


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